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Jens Keukeleire hacía un gesto como si acunara a una criatura al cruzar la meta. El ganador de ayer en Bilbao ha sido padre hace un mes y su familia llevaba tres días esperándolo en Bilbao. Todo parecían síntomas de que la etapa estaba preparada para él desde el principio. Incluso su equipo, el Orica, calentaba en el rodillo en la salida de Los Corrales de Buelna. Pero el trabajo de Keukeleire no era rematar en la llegada de Bilbao. Lo suyo era estar pendiente de Simon Yates, que se movió en la última subida al Vivero. «Igual que otras veces me ha tocado estar pendiente de Chaves», dice el ganador.

Pero ayer la gloria era para él. Una gloria que buscaban otros secundarios y algunos de los principales. Como Alberto Contador, que probó también en el último ascenso al Vivero. «Quedaban trece kilómetros hasta la línea de meta y el grupo iba muy rápido. Por eso no he querido insistir», explicaba tras la llegada. Pero Alberto siempre aparece. «Me cuesta salir cada día sin marcarme un objetivo grande. Tanto Froome como Quintana y Valverde me sacan una diferencia grande. Y el recorrido no es propicio para emboscadas. Necesitas, además, llevar gente por delante que te eche una mano y no estamos en las mejores condiciones», asegura. El ataque de Contador era un aviso antes de las etapas que se asoman al fin de semana. Verdadera montaña antes de afrontar la última semana. «Vamos a llegar un poco cascados», reconoce Contador.

Y eso intenta el Sky, desgastar al equipo del líder, Nairo Quintana. Para eso metió a dos corredores en la escapada del día. Entre los siete que se marcharon por delante estaban Kennaugh y David López, que llegaba a casa. «La intención era meternos en la escapada para no trabajar. Quedan diez días por delante y queríamos hacerles trabajar. Nosotros estamos más frescos, pero no nos ha salido del todo bien», confesaba el ciclista del Sky. Además, intentaban recuperar tiempo para la general por equipos, una de las preocupaciones del Movistar. «Para mí ha sido pasar por las carretera de casa, por donde entreno», decía David. Las mismas carreteras por las que se entrena Omar Fraile. El ciclista del Dimension Data aspiraba a subir al podio en su casa. Se había marcado el objetivo de meterse en la fuga y después llegar hasta donde le dejaran las piernas. La etapa de 2011, cuando Igor Antón se impuso en la misma meta de Bilbao, era el ejemplo. «No me hace falta verla. Me la sé de memoria, porque son las carreteras donde entreno cada día», explicaba en la salida. Pero no tuvo suerte. Subió al podio sólo para recibir el premio a la deportividad. Espera todavía su momento en la carrera.

Mientras, Nairo Quintana se arropa un día más con el maillot rojo. Aunque convencido de que la velocidad de estos días tendrá consecuencias. «Se notará el cansancio en la montaña», avisa el colombiano.

Source: Deportes

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