Cuando el gol viene de China

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Graziano Pellé nunca eligió el camino más sencillo para llegar al éxito. Después de una larga carrera por equipos secundarios del fútbol italiano tuvo que emigrar a Holanda para hacerse un nombre. Fue su encuentro con Van Gaal en el AZ el que cambió su vida. Allí ganó los únicos títulos de su carrera: la Liga y la Supercopa de Holanda. Y allí nació el futbolista que es ahora. «Si lo hago bien en Holanda me gustaría seguir los pasos de Van Basten e Ibrahimovic para irme luego a un gran club de Italia», decía cuando llegó al AZ.

Van Gaal le insistió en que aprendiera holandés, aunque él prefirió empezar por el inglés. «Si no fuera por el gurú holandés [Van Gaal] mi hijo ahora sería carpintero», decía Roberto, el padre del «9» italiano en una entrevista con «La Gazzetta dello Sport». Su carrera siguió ascendiendo, regresó a Italia antes de volver a Holanda para jugar en el Feyenoord. Koeman, que después se lo llevó al Southampton, acabó de completar el jugador que había empezado a crear el ex seleccionador holandés.

Había sido internacional sub’21 y olímpico, pero tuvo que esperar hasta los 29 años para estrenarse con la absoluta. «Por fin alguien se ha dado cuenta de que hay un italiano que ha marcado 64 goles en Holanda», dijo su padre cuando lo convocó Antonio Conte. «Graziano me ha confesado que ve en él algo de Van Gaal», reconoce el padre. Ahora tiene 31 y después de la Eurocopa, en la que él solo pudo con Piqué y Sergio Ramos, firmó su traspaso a la liga china y se convirtió en el italiano mejor pagado. Ganará 40 millones en dos años y medio, 16 millones por temporada, pero no ha perdido su lugar en la selección. Con el Shandong Luneng ha marcado cuatro goles en nueve partidos y con Italia no ha perdido la puntería. Lleva nueve goles en 19 partidos y marcó en los dos últimos, el amistoso contra Francia y el primero de clasificación para el Mundial contra Israel.

Por fin tienen premio los sacrificios que hizo en la infancia y la adolescencia, cuando compaginaba el baile con el fútbol. «Empecé porque mi hermana necesitaba una pareja», explica. Incluso llegaron a ganar algún concurso nacional. «En el coche me cambiaba las botas por el frac y la pajarita», asegura. Pero lo abandonó pronto. El fútbol pesó más y su madre, que también bailaba con su padre, lo entendió perfectamente.

Graziano estaba marcado para la pelota desde el nacimiento. Su padre lo llamó así en honor de Francesco Graziani, delantero del Torino, la Fiorentina y la Roma, entre otros equipos, que ganó el Mundial 82. El «9» de Italia es suyo desde hace dos años y pocos le recuerdan su error en la tanda de penaltis contra Alemania en la pasada Eurocopa. Intentó marcar a lo Panenka ante Neuer, que no tuvo dificultades para detener el lanzamiento. Italia se marchó a casa, pero sigue viviendo de los goles de Pellé.

Source: Deportes

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