Cara a Cara: ¿Ha "pisoteado" el árbitro al Rayo?

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Quim Domenech

Hoy deberías dejar la mitad de esta página en blanco, José Luis. No trates de justificar el atraco al Rayo Vallecano en Chamartín. Mejor mira hacia otro lado y deja que todo se olvide cuanto antes. Hacía mucho tiempo que no vivía una cosa igual. Los aficionados abandonando el Santiago Bernabéu avergonzados. Y todo por un arbitraje que, efectivamente, pisoteó al equipo vallecano sin contemplaciones. No voy a juzgar cada acción porque no vale la pena. Lo digo claramente, lo de esta jornada me parece cuanto menos sospechoso. Que un profesional como Paco Jémez denuncie, como hizo tras el partido, semejante humillación denota que se han superado todos los límites del arbitraje.

– Ayuda innecesaria

No lo necesitabais. Habríais ganado al Rayo once contra once y, seguramente, con una goleada. Pero parece que los pitos y los nervios del Bernabéu intimidaron a Iglesias Villanueva. No vaya a ser que al Madrid se le escape la Liga y nos quedemos sin emoción, debió de pensar el colegiado gallego. Y, de repente, deja al Rayo con diez y, por si fuera poco, con nueve, de forma totalmente injusta. Indignante es poco, Sánchez. Ahora sí que cobran más sentido que nunca las palabras del Cholo Simeone. Antes de que sea demasiado tarde, esta liga empieza a preparase para que sea el Madrid quien la gane. Y, además, se prepara de forma peligrosa, a la vista de todo el mundo. Esperaba que sería de forma sibilina, disimulando. Pero veo que no importa, al Madrid no se le podían escapar los tres puntos y recibió una ayuda que quedará para la historia de esta competición. Y veo que, no contento con pisotear a Jémez y a sus jugadores, te atreves a dar lecciones de fútbol. ¿Por qué no le explicas cómo se puede jugar en el Bernabéu sin que te roben?

– Escudo obsoleto

Sea como fuere, un año después el fútbol ha vuelto a demostrar dónde queda el Barça y dónde está el Real Madrid. Uno, proclamándose campeón del mundo con un recital futbolístico ante el River. El otro, goleando con un recital del árbitro de turno y pitado por su propia afición. Ya era hora de que el escudo que dan a los mejores con la victoria en el Mundial de clubes volviera a su lugar natural. Al que merecen los que ganan sin que los árbitros pisoteen a sus rivales sin impunidad alguna. A los que son admirados por la brillantez de su fútbol y no necesitan ayudas para ganar. Un día en el que habéis perdido el escudo y buena parte de vuestra credibilidad. El Barcelona gana su quinto título y recibe un mensaje muy claro: hay muchos que no quieren que siga ganando.

Source: Deportes

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