Alta traición

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En sus ojos se mezcla la rabia y la tristeza. En las piernas lleva la impotencia. Por dentro, el dolor. Así cruzó la meta Alberto Contador en Cherburgo. Descerrajado. 48 segundos se cuentan desde que su compañero Peter Sagan ha pasado por allí mismo sin enterarse de que acaba de ganar la etapa y es el nuevo líder del Tour. 48 segundos que son 48 losas. Es peor eso que el dolor que siente en todo el cuerpo, pues viene de impactar otra vez contra el suelo, con el lado bueno, el que salvó en la primera etapa y que ha chocado esta vez contra el duro y bañado asfalto de Normandía.

Eso, en el fondo, ahora poco le importa a Contador viendo lo peor, que son esos 48 segundos. «Es un tiempo que no esperaba perder», reconoce él. «No estoy para nada contento», revela. Y los pierde, en gran parte, porque en los últimos dos kilómetros de etapa Roman Kreuziger pasó a comandar el pelotón para acelerar el ritmo y cazar a Jasper Stuyven, la última perla belga que, dicen, es el relevo de Fabian Cancellara y corre en su equipo, el Trek. Con ellos ha ganado ya una etapa en la Vuelta del pasado año y va camino de alzar los brazos por primera vez en el Tour tras meterse en una escapada a la que el pelotón deja hacer hasta que Peter Sagan se inspira y pide a su equipo que caliente motores para lanzarle a la victoria.

Sagan corre para Oleg Tinkov. Igual que Alberto Contador. Ambos están en el Tour con ambiciones bien diferentes. El eslovaco quiere ganar el maillot verde. El objetivo de Contador es más ambicioso: el Tour con 33 años. División. Contador cuenta con sus hombres de confianza para que lo arropen: Tosatto, Valgren, Kiserlovski… también Majka, que no es de confianza, pero sí es escalador. Y también Roman Kreuziger. O al menos hasta ayer lo era. El último hombre en quedarse con el madrileño en la montaña.

Pero en un final tan goloso como el de Cherburgo, un repecho de casi dos kilómetros al 6,5 por ciento de pendiente media y rampas que llegaban al 14, con el premio doble de la victoria de etapa y el maillot amarillo a ver quién se contiene. Sagan, desde luego, no. Y Oleg Tinkov, el patrón multimillonario –que este año abandonará el ciclismo–, mucho menos. Cuando la carretera se pone cuesta arriba, a Contador le chirrían los huesos. Dolor. A 120 kilómetros cuando llueve y la carretera es una pista de patinaje, «me han dado en el manillar». ¡Pam! Al suelo. «Me he golpeado en el otro lado». El bueno. «A partir de ahí sabía que tenía que minimizar al máximo la pérdida de tiempo». Casi lo consigue.

Con la fuga de Stuyven, Voss, Benedetti y Breen, de la que se marcha el portento del Trek en busca del triunfo con bastante ventaja, parecía que el pelotón iba a entregarse y que Contador se salvaría. Pero ahí es donde Sagan decidió que no estaba todo perdido. En el repecho, Kreuziger, el escalador, el último hombre de Contador, se pone a tirar de Sagan. Un trabajo encomiable. Un gregario impoluto. Si no fuera porque así está metiendo tiempo a su propio líder. 48 segundos. Mucho más tarde llega Richie Porte, 1’45’’ se deja por un pinchazo en los últimos cuatro kilómetros.

«Físicamente estoy muy penalizado, tengo las dos piernas muy tocadas», dice Contador. «No puedo pedalear como a mí me gustaría, pero sé que es parte de las consecuencias de las dos caídas. Lo importante es mantener la moral alta y no venirte abajo. Por lo menos ha ganado Peter, ese es el lado bueno».

A costa de sus 48 segundos perdidos.

Source: Deportes

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