Mireia Belmonte, quién si no, primera medalla

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Mireia Belmonte logró lo que parecía imposible. La chica que nunca se rinde apretó los dientes y aceleró brazos y piernas para resurgir donde casi todas las demás mueren. Los 400 estilos son sufrimiento y resistencia y la española sufrió como nadie. En los últimos 50 metros era cuarta. Tenía lejos a dos nadadoras, y a una tercera imposible. Esta última es la húngara Hosszu, que ya amenazó en las series con batir el récord del mundo, y en la final lo pulverizó para dejarlo en 4:26.30. Bravo por ella. Su triunfo no tuvo respuesta, fue extraterrestre, pero había mucho que decir para las otras dos medallas. Imposible parecía para Mireia en esos últimos 50 metros, pero la chica a la que le gusta ponerse retos tenía uno mayúsculo por delante. «En el primer 50 del crol lo veía lejos, iba retrasada, pero he decido luchar hasta que no podía más. No notaba más fuerzas en mi cuerpo», desveló después la ya triple medallista olímpica. La vista desde el frente era clara: le estaba comiendo terreno a la británica Hannah Miley a toda velocidad. Se la comía. Y se la comió. Después de que la estadounidense Maya Dirado tocara la pared para ser plata (a ella Mireia le remontó más de un segundo en los últimos 100 metros, pero no fue suficiente) llegó la catalana para colgarse su tercera medalla olímpica. Quién si no ella podía conseguirlo. En Londres 2012, hace cuatro años, ya abrió el camino al resto de la delegación española. Consiguió el primer metal y después. Rompió el hielo. «A ver si esto abre la puerta a que vengan más», deseó más tarde.

Si Mireia ve cada prueba como una oportunidad, la primera la ha aprovechado. «Bien, bien, bien», mascullaba por la mañana, en las series, Fred Vergnoux, su técnico, el que ha terminado de modelarla junto a la inquebrantable fuerza de voluntad que tiene ella. Mireia había sido segunda. Por la noche mejoró en tres décimas el tiempo de la mañana (con el registro de las series no le hubiera dado para el bronce). Para ser plata hubiera tenido que estar alrededor de su mejor marca de siempre. Entró Mireia a la piscina del Estadio Acuático de Río con los cascos. Cara de absoluta concentración. Un poco de agua al cuerpo para entrar en calor. Unos estiramientos. Quizá una mirada de reojo a la grada, donde su padre y su madre la animaban con una pancarta y una bandera de España. Vista al infinito y al agua. Hosszu empezó su festival y Mireia, el sufrimiento. Empezó floja, pero fue encontrándose. Tercera el primer tramo de mariposa y cuarta el segundo. Bajó al quinto lugar en los primeros 50 de espaldas y recuperó hasta el cuarto en la segunda piscina. Se mantuvo ahí en la braza y en la primera parte del crol, pero en ese momento ya había empezado la remontada. En la última brazada, después de hacer los metros finales sin respirar, más con el corazón que otra cosa, tocó la gloria de bronce.

Source: Deportes

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