¿Han llegado ya?

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Valerio Conti llegó a la Vuelta de repente en 2014. Chris Horner, el ganador del año anterior, no puedo defender su título por culpa de unos valores muy bajos de cortisol –una hormona que se libera como respuesta al estrés–, no admitidos por el Movimiento para un Ciclismo Creíble al que pertenecía el Lampre. Conti, un neoprofesional de 21 años, fue su sustituto de última hora. En su estreno en una grande tuvo que cargar con el peso del dorsal número 1.

Hijo y nieto de ciclistas, Conti sólo ha tardado dos años en ganar su primera etapa en una gran vuelta. Una etapa diseñada a través de los montes navarros, que atravesaba Zugarramurdi, Urdax y terminaba en Dantxarinea. Territorios por los que campaba el maquis, zona de cuevas donde según la leyenda habitaban las lamias, lamiak en euskera, seres mitológicos emparentados con las sirenas. Dicen en el lugar que sus voces fluyen por el arroyo que atraviesa las cuevas. Pero en esos parajes por donde se esperaba pelea –ha insistido Nairo Quintana en los últimos días en que necesita arañar segundos, aunque sea poco a poco, para llegar con la máxima ventaja posible a la contrarreloj de Calpe–, sólo hubo paseo. Tres minutos es el objetivo del colombiano. Pero no hizo ningún intento por aumentar la diferencia. Tampoco sus rivales por que menguara.

Lo que más recordó que se trataba de ciclismo fue la presencia en la etapa de José Miguel Echávarri, el «inventor» del Reynolds, la madre del actual Movistar, y de Miguel Indurain. Fue un paseo para los favoritos, que dejaron que se marchara la escapada. Era el objetivo confesado por Quintana: que llegara una fuga con corredores muy alejados en la clasificación. Gente que no molestara en la general, que no les hiciera trabajar demasiado y que no interrumpiera la siesta. Porque eso fue lo que hizo ayer el pelotón, dejar pasar el tiempo y los kilómetros a la espera de no desgastarse antes de lo que les espera hoy y mañana, los ascensos finales al Aubisque y a Formigal. Y entre esos fugados, el más espabilado fue Conti, que atacó a falta de siete kilómetros sin respuesta de sus «compañeros». Por detrás, nada se movió. «Hoy no hace falta el rodillo», decía Alberto Contador después de más de seis horas encima de la bicicleta. Seis horas de entrenamiento para los favoritos. El equipo del líder asumió el mando de la «caza» a un ritmo tan «endiablado» que permitió que la diferencia de los escapados pasara de los 19 minutos a los 33. Al llegar a la meta entraban sonriendo, satisfechos quizá de su labor.

«Nosotros hemos hecho la propuesta deportiva. Creo que había terreno para que pasaran más cosas», se lamentaba el director general de la Vuelta, Javier Guillén, convencido de que etapas como la de ayer merecen una reflexión «por parte del ciclismo». «No podemos especular», asegura. En un momento en que cada vez es más complicado encontrar un patrocinador, la mejor publicidad no son las sonrisas del pelotón cuando entra en meta más de media hora después del ganador.

Source: Deportes

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