Gento, el sucesor de Di Stéfano

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Cuando Gento ve al Real Madrid no puede parar quieto. Sufre, se pone nervioso, se levanta, se va, viene, vuelve, da vueltas. Alguna vez ha ido al Bernabéu y se ha vuelto a la media hora porque no podía más con los nervios. Lleva el Madrid en la sangre, es que el Madrid, como dice su hijo, «es su vida». Paco Gento hijo no dice su nombre en los restaurantes para evitar la decepción en las caras de la gente al ver que Paco Gento no es Paco Gento. «Así que ya no lo hago», dice. Porque también hasta para los que no saben de fútbol o los jóvenes que no saben historia, también Gento es alguien importante, alguien cuyo nombre se relaciona con el fútbol. Se quedan cortos, claro: hoy la asamblea de compromisarios del Real Madrid le va a elegir como presidente de honor del club, en sucesión de Di Stéfano.

Gento jugó 18 años en el Real Madrid, ganó, entre otras cosas, 12 Ligas y, sobre todo, 6 Copas de Europa. No hay futbolista en el mundo que pueda decir eso. Gento, que acaba de cumplir 83 años, es un mito viviente para los madridistas y para todo aquel que le interese un poco el fútbol. «Para mí lo de la asamblea es algo muy bonito, algo maravilloso, una idea fantástica de Florentino. Es un privilegio, algo a lo que pueden aspirar muy pocos, un reconocimiento a toda una carrera». El padre, Gento, lo vive con más tranquilidad, casi sin decir nada a su familia. Gento es así. Fue entrenador en equipos humildes, pero lo dejó porque no le gustaba decir a alguien que no le tocaba jugar. Hace poco cedió sus múltiples trofeos al Madrid, pero antes los tenía en casa y sus hijos invitaban a los amigos a hacerse fotos y los utilizaban como decoración en el belén en Navidad.

Nunca se ha dado importancia: cuando se le pregunta qué final de la Copa de Europa recuerda con más cariño no dice la tercera, contra el Milan, en la que un gol suyo en la prórroga decidió el título. No: para él la gran final es la del 7-3 contra el Eintrach, con cuatro goles de Puskas y tres de Di Stéfano. Pero aquello fue como una obra de teatro. Acabó el partido, la celebración, se fueron los futbolistas a los vestuarios y el público seguía aplaudiendo, pidiendo que saliesen. Y salieron a saludar. Ese día y el éxito de la sexta, la ye-ye, la más inesperada, son los mejores recuerdos de una vida dedicada al fútbol.

Cuando nació uno de sus hijos, estaba concentrado. «Y no era como ahora, que hay móviles. No se enteró hasta que acabó el partido», cuenta su hijo Paco. El recuerdo de su padre futbolista se reduce al partido homenaje, cuando le llevó el balón, pero era muy pequeño para vivir todo lo que sucedió antes, su larga carrera. Luego, su hijo, fue tomando conciencia de quién es su padre, aunque cuando era niño prefería no decirlo mucho: a ver si le iban a elegir para jugar al fútbol en el colegio por ser hijo de Gento e iban a descubrir que no, que no valía para esto. Paco hijo no salió futbolista y el otro hijo, Julio, se cansó pronto. Jugaba en las categorías inferiores del Madrid, pero si algún día llovía, no le apetecía ir. No estaba hecho para eso. Sí que salieron deportistas los sobrinos: Paco y Julio y los dos baloncestistas. Paco Llorente tuvo su noche de gloria madridista en un partido en Oporto, con la Quinta y el Madrid ganando 1-2, tras dos jugadas de Paco y dos remates de Míchel. En casa de Gento se volvieron locos, llamándose y felicitándose por lo que hacía el familiar. Paco Gento, en broma, dijo esa noche: «Yo hice muchas veces eso y no se armaba este follón».

Porque la memoria de esos tiempos de Gento y Di Stéfano, dos amigos inseparables, es más frágil. Ahora todo se ve mil veces, se repite. Antes Gento reconocía que si quería ver un gol suyo repetido tenía que ir al cine, a ver el NO-DO y tener suerte para que lo pusiesen. Sin embargo el recuerdo de quien es perdura, porque eso tienen las leyendas. Incluso el que no le ha visto jugar puede hablar de su velocidad, y su espectacular manera de parar en seco. «Nosotros no le ganábamos», recuerda su hijo. Ni siquiera sus sobrinos deportistas le ganaban. Gento camina ahora, pero ha corrido toda su vida. Muchas veces con sus perros. Hubo uno con el que salió a correr la primera vez y la segunda, cuando el perro vio llegar a Gento con el chándal, se escondió para no volver a sufrir…

A Gento le ha costado aceptar ser presidente de honor del Madrid, principalmente porque eso suponía sustituir a Di Stéfano, volver a recordar que está muerto. Ese grupo de futbolistas eran amigos, vecinos después… Gento sigue jugando al tute y al dominó, como en las concentraciones. Es un experto y te puede decir las cartas que llevas. Pero el recuerdo de Di Stéfano le hace pensar que ya van quedando menos, que de la primera Copa de Europa sólo están Pérez Payá y él.

La asamblea reconoce su dedicación al Madrid. Fue jugador, entrenador en las categorías inferiores, ojeador, embajador del club y ahora presidente de honor. Lo lleva con discreción, como lo ha llevado toda su vida. Cuando su hijo ha querido saber algo de su padre, preguntaba a los veteranos. «¿Es verdad –preguntó a Pachín– que sin Rial, mi padre no hubiese sido quién es?». Y Pachín le contestó: «Tu padre, sin Rial no hubiese sido quién es y Rial sin tu padre, no hubiese sido quien es». Es su familia quien más se alegra, por su padre, su tío, su abuelo para ellos, un mito del Madrid y del fútbol para el resto. Una de sus nietas, ahora, ve los partidos por la tele. Su preferido es Bale. Porque lleva el once.

Source: Deportes

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