El Pepito Grillo de Portugal

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Fernando Santos está acostumbrado a ser el malo de la película, pero con 61 años y casi 30 en los banquillos no es algo que le preocupe. Dice el seleccionador de Portugal que como técnico no tiene corazón, los sentimientos en el fútbol son relativos, por eso pudo entrenar al Benfica después de dirigir al Oporto sin remordimientos. Santos se hizo ingeniero eléctrico y de telecomunicaciones mientras terminaba de jugar al fútbol, así que cuando dejó la pelota definitivamente se puso al frente del departamento de mantenimiento de un hotel de Estoril. Asegura que se sentía más ingeniero que futbolista y todavía hoy en alguna ocasión echa de menos aquellos tiempos. Para los que no le conozcan, es el señor que no sonríe cada vez que hay una imagen del banquillo de Portugal en la televisión. Su Eurocopa no ha sido fácil precisamente, porque mientras el resto de portugueses sólo quieren disfrutar de los goles de Cristiano o de las arrancadas de Renato Sanches, él es el que se deja la cabeza pensando cómo equilibrar el resto del equipo.

Ayer se indignó con la Prensa francesa, convencida de que Portugal no merece estar en la final. Es entonces cuando el técnico, humilde y de perfil bajo, saca su carácter y su vena de Pepito Grillo: «Siguen diciendo que jugamos mal. Espero que digan lo mismo mañana (por hoy) y ganemos. Eso sería fantástico, me iría muy feliz a casa», se quejaba. «No siempre se trata de ser espectacular. A veces lo eres y no ganas y otras ganas sin serlo», ha dicho hace poco. Sabe que su trabajo es tomar decisiones y es lo que hace sin sentimentalismos. Cuando llegó por primera vez a la Liga griega, los veteranos del AEK se llevaron las manos a la cabeza ante una de sus primeras decisiones: entrenamientos a las ocho de la mañana. El imposible tráfico matutino fue el argumento que los capitanes le expusieron para pasar las sesiones de trabajo al mediodía. Su respuesta fue que entonces entrenarían a las siete, antes de la hora punta.

Portugal comenzó la clasificación para la Eurocopa 2016 con una sonrojante derrota ante Albania. Un desastre que sacó a Paulo Bento del banquillo y puso al frente a Fernando Santos, que no ha perdido desde entonces y ha llevado a su equipo a la final, la misma frontera que Portugal no pudo superar en 2004. Jugaba en casa y era favorita frente a Grecia, pero aquel equipo que jugaba feo, no tenía estrellas y metía pocos goles dirigido por Otto Rehhagel se llevó el título ante los anfitriones. En 2010, la Federación griega vio en Santos un perfil igual de pragmático que el del técnico alemán y le eligió como relevo. Ahora, el luso que sucedió a Rehhagel en la selección que hizo llorar a Portugal en su Eurocopa puede darle al país el título que le falta para ser completamente feliz en el fútbol.

Santos, a diferencia de aquella Grecia, sí tiene un crack, al que protege y defiende en todo momento: «Siempre busca la perfección. Es un líder en nuestro equipo. Nuestro capitán», admite sobre Cristiano, tan inamovible en sus esquemas como un mediocentro defensivo, haya que remontar o defender un resultado. Puede que esta preocupación le venga de su espíritu de ingeniero, aunque también es cierto que en su filosofía también cabe el fútbol con rastas de Renato.

Source: Deportes

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